Federico Cecchetti regresa a la Sierra Tarahumara con Jíkuri: viaje al país de los Tarahumaras, una película que cruza el imaginario del surrealismo francés con la riqueza cultural de los pueblos rarámuri para construir un relato donde la realidad, los sueños y la poesía conviven.
La película encuentra uno de sus principales puntos de partida en la figura del escritor y poeta francés Antonin Artaud, quien durante su viaje a México quedó profundamente fascinado por la cultura rarámuri. Para Cecchetti, acercarse a este universo implicó una investigación que se extendió durante aproximadamente cuatro años, entre viajes a la Sierra Tarahumara y recorridos por Francia para conocer los espacios vinculados con Artaud y el surrealismo.

“Fue como una búsqueda paralela de los dos mundos que se tocan en la película”, explica el director.
Ese proceso también determinó la manera en que la película observa el territorio. Cecchetti recupera la mirada de Artaud sobre la Sierra, particularmente su idea de que la cultura podía encontrarse inscrita en el propio paisaje: en las rocas, los rostros, los animales y las formas de la naturaleza.“Es una cultura que está muy integrada a la naturaleza”, señala el cineasta, quien buscó trasladar esa relación a la pantalla mediante una propuesta visual y sonora que diera a la Sierra un papel fundamental dentro de la narración.
El sonido ocupa un lugar particular en Jíkuri. Tambores, instrumentos tradicionales como el chapareque y el raspador del hikuri acompañan las imágenes de las barrancas y los paisajes de la región. “Es una cultura que sonoramente es muy particular”, explica Cecchetti, quien considera que estas sonoridades ayudan a construir la esencia de la película.
La relación con la comunidad también fue parte fundamental del proceso. Durante los años de investigación, el director aprendió algunas palabras básicas en lengua rarámuri y participó en actividades comunitarias, una experiencia que, según cuenta, permitió establecer vínculos antes de comenzar el rodaje.

Ese acercamiento se trasladó también a la ficción. Para recrear las tradiciones de la época en que transcurre la historia, Cecchetti trabajó junto con integrantes de la comunidad para recuperar vestimentas, objetos e incluso formas de realizar determinadas danzas.“Es una manera de ver cosas documentales, pero luego trasladarlas a la época y obviamente meterlas en la ficción”, explica.
El resultado busca mantener un vínculo constante entre lo real y lo imaginado. Para Cecchetti, la película no pretende aproximarse a la cultura rarámuri desde una mirada estrictamente antropológica, sino desde la sensibilidad poética que también caracterizó el acercamiento de Artaud. “Él lo que tenía era como una sensibilidad y un manejo de la poesía increíble”, apunta el director. Su película retoma precisamente ese espíritu para mirar la Sierra no solamente como un escenario, sino como un espacio cargado de signos, símbolos y revelaciones.

Jíkuri: viaje al país de los Tarahumaras plantea así un acercamiento a una cultura que, en palabras de su director, invita a mirar más allá de la superficie turística de la Sierra. “Las profundidades de la cultura tarahumara son tan profundas como las barrancas”, afirma Cecchetti.
Con esta película, el cineasta continúa explorando los territorios que han marcado su filmografía: chamanes, magia, sueños y viajes. Una línea creativa que, asegura, seguirá desarrollando en sus próximos proyectos. La cinta ya se encuentra disponible en cines.
