La animación mexicana sigue encontrando nuevas formas de contar historias y acercarse a temas sociales. Un Reino para todos nosotros, dirigida por Miguel Ángel Uriegas, utiliza la fantasía y la aventura para hablar sobre migración, refugio y fronteras a través de la historia de dos hermanos que buscan llegar a un territorio que promete ser un paraíso.

Fran y Serendín viven en un pueblo fronterizo y sueñan con llegar a El Reino, un lugar protegido por enormes murallas. Para conseguirlo deberán viajar clandestinamente a bordo de La Bestia, una enorme criatura utilizada por los mercaderes para transportar mercancías. Sin embargo, una situación inesperada los separa y comienza una aventura que los llevará no solo a intentar reencontrarse, sino también a descubrir quiénes son.
Detrás de esta historia existe un largo proceso de producción. Uriegas explica que realizar la película implicó un año de escritura y cuatro años de producción, un periodo que refleja los tiempos y desafíos particulares de la animación.

“Los tiempos de la animación, así como los de Dios, son perfectos. Tomó muchísimo tiempo, pero pues porque así es la animación: más o menos fue un año de escritura más cuatro años de producción para verla llegar a la realidad.”
La película es una coproducción entre México y Colombia que contó con el apoyo de Ibermedia. “Se vuelve sí complicado y se requiere mucha resiliencia para no quitar el dedo del renglón y mantener la producción y también los ánimos de todo el equipo arriba”, explica el director.
Hablar de migración desde la fantasía
Uno de los principales retos de Un Reino para todos nosotros fue encontrar la manera de acercar temas complejos a las nuevas generaciones sin convertir la película en una lección. Uriegas señala que la historia está dirigida principalmente a preadolescentes, aunque también puede ser disfrutada por públicos más pequeños desde la aventura y la acción.
“Sí compilamos muchos mensajes que sentimos importantes sobre el tema de migración y refugiados”, explica. La intención era presentar esta problemática dentro de un mundo fantástico, aprovechando la animación para generar una conexión con el público.

Para construir ese universo, el equipo realizó una investigación de la mano de Naciones Unidas y ACNUR, incorporando referencias a situaciones y personajes reales relacionados con la migración en México, entre ellos La Bestia y el trabajo de organizaciones y personas que acompañan a quienes atraviesan el país.
“Al final es una película que se la vas a mostrar a las infancias y pues creo que te tienes que hacer responsable de eso, de no ver qué es lo que van a ver y qué van a consumir”, señala Uriegas.
La intención, sin embargo, no era convertir el filme en propaganda o en un discurso didáctico. El cineasta explica que desde Fotosíntesis Media trabajan bajo el concepto de “entretenimiento con causa”, buscando que las historias aborden problemáticas sociales sin perder su dimensión cinematográfica. “Sin pretender educar tampoco, sin tampoco hacer un terrorismo filantrópico, ¿no? De vender lágrimas por donaciones”, apunta.
“Buscamos que las audiencias se hagan las preguntas, se empiecen a hacer preguntas y empiece a haber un diálogo”, agrega.
Una animación con identidad mexicana y mirada global
Visualmente, Uriegas también quiso encontrar un equilibrio entre las raíces latinoamericanas de la producción y una estética con la que pudiera identificarse cualquier espectador. “Quisimos hacer algo global, algo mundial”, explica.
El colorido y algunos elementos relacionados con el folclor mexicano y latinoamericano forman parte de la propuesta visual, pero el universo de la película no está construido exclusivamente desde una identidad nacional. Esto responde también a la naturaleza del tema central: la migración y el desplazamiento son fenómenos que atraviesan distintas regiones del mundo.

La producción buscó así que escenarios como el pueblo fronterizo donde viven Fran y Serendín, las grandes ciudades y las murallas de El Reino funcionaran como parte de una realidad fantástica, pero reconocible. Después de un proceso que tomó cinco años entre escritura y producción, Un Reino para todos nosotros apuesta por demostrar que la animación mexicana también puede abordar problemáticas contemporáneas desde la aventura y la imaginación.
