El Tour de Cine Francés celebra tres décadas de historia con una selección de siete películas que se exhibirán del 3 al 9 de septiembre en 35 salas de Cinépolis, distribuidas en 22 ciudades del país.
Hay películas que terminan convirtiéndose en parte de la memoria de un festival. No necesariamente son las más recientes ni las que obtuvieron los mayores reconocimientos, sino aquellas que permanecen en el recuerdo de quienes las descubrieron en una sala de cine. Para celebrar sus 30 años, el Tour de Cine Francés recupera precisamente algunas de esas historias con Los Clásicos del Tour, un ciclo que llegará exclusivamente a Cinépolis del 3 al 9 de septiembre de 2026.
La selección reúne siete títulos que formaron parte de distintas ediciones del festival y que, con el paso de los años, se han convertido en películas representativas de lo que el Tour ha significado para varias generaciones de espectadores mexicanos: una puerta de entrada al cine francés contemporáneo y una alternativa a la cartelera comercial habitual.

La iniciativa funciona también como una suerte de recorrido por la propia historia del festival. Las películas elegidas permiten reconocer la diversidad de géneros, tonos y preocupaciones que han pasado por sus pantallas: desde la comedia y el romance hasta el drama familiar, el thriller psicológico y las historias de identidad.
Durante tres décadas, el Tour de Cine Francés ha construido una relación particular con su público mexicano. Su permanencia no depende únicamente de traer películas de Francia, sino de haber conseguido que determinados títulos, directores y actores se vuelvan familiares para los espectadores. Los Clásicos del Tour parte de esa memoria para volver a colocar esas películas frente a nuevas audiencias.
Siete películas para volver al Tour
La selección comienza con Chicos y Guillermo, ¡a comer! (Les garçons et Guillaume, à table !), dirigida y protagonizada por Guillaume Gallienne, quien adapta su propio monólogo teatral para contar una historia autobiográfica sobre identidad, familia y las expectativas que los demás construyen sobre una persona. Presentada en la 18ª edición del Tour, en 2014, la cinta fue reconocida con cinco premios César, incluido el de Mejor Película.

También regresa Delicioso (Délicieux), de Éric Besnard, presentada en la 25ª edición, en 2021. Ambientada en la Francia de 1789, la película utiliza la cocina como punto de partida para hablar de libertad, desigualdad y transformación social. La historia de Pierre Manceron, un cocinero que termina abriendo uno de los primeros restaurantes de Francia, convierte la gastronomía en una metáfora de los cambios que estaban por llegar con la Revolución Francesa.
Desde una perspectiva mucho más íntima aparece El encanto del erizo (Le Hérisson), dirigida por Mona Achache y presentada durante la 14ª edición del Tour, en 2010. Basada en la novela La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, la película sigue a Paloma, una niña de 11 años que observa con desencanto el mundo adulto, y a Renée, una portera aparentemente hosca que guarda una sensibilidad y una inteligencia que pasan inadvertidas para quienes la rodean. El encuentro con un vecino japonés modifica la manera en que ambas comienzan a mirar su propia existencia.
El vino y los vínculos familiares son el centro de El viñedo que nos une (Ce qui nous lie), de Cédric Klapisch, uno de los realizadores que se ha convertido en un nombre recurrente para los seguidores del Tour. Exhibida en la 21ª edición, en 2017, la cinta sigue a tres hermanos que regresan a la propiedad familiar en Borgoña y deben decidir qué hacer con el viñedo que han heredado. Entre vendimias, conflictos familiares y cuentas pendientes, Klapisch construye una historia sobre las raíces y aquello que, pese a todo, termina manteniendo unida a una familia.

El ciclo también incluye En el nombre de mi hija (Au nom de ma fille), de Vincent Garenq, presentada en la 20ª edición del Tour, en 2016. Basada en un caso real, la película sigue a André Bamberski, interpretado por Daniel Auteuil, quien durante casi tres décadas busca llevar ante la justicia al hombre al que considera responsable de la muerte de su hija. El filme convierte el duelo en una investigación personal marcada por la obsesión y por la frustración frente a un sistema judicial que parece no ofrecer respuestas.
Para quienes disfrutan del cine de François Ozon, el ciclo recupera En la casa (Dans la maison), thriller psicológico presentado en la 17ª edición, en 2013. La película parte de una premisa aparentemente sencilla: un profesor descubre el talento literario de uno de sus alumnos, un joven que comienza a escribir sobre la familia de un compañero de clase. Lo que inicia como un ejercicio escolar pronto se transforma en una historia donde realidad y ficción comienzan a confundirse peligrosamente.

Finalmente, La delicadeza (La délicatesse), de David y Stéphane Foenkinos, representa el lado más romántico de esta selección. Presentada en la 16ª edición del Tour, en 2012, la película protagonizada por Audrey Tautou y François Damiens sigue a una mujer que, después de perder inesperadamente a su esposo, se refugia durante años en el trabajo hasta que un gesto inesperado abre la posibilidad de comenzar nuevamente.
Tres décadas de una relación cinematográfica
Más allá de recuperar siete películas, Los Clásicos del Tour representa una celebración de la relación que el festival ha construido con el público mexicano. Cada una de estas cintas pertenece a un momento distinto del Tour, pero juntas permiten observar una de sus principales características: la capacidad de acercar al espectador a un cine francés que puede ser tan accesible como sofisticado, tan divertido como incómodo.
Los Clásicos del Tour será una oportunidad para quienes ya conocen estas películas de volver a ellas desde otra perspectiva y, para quienes nunca las han visto, de descubrir algunos de los títulos que ayudaron a construir la identidad de uno de los festivales cinematográficos más importantes y longevos de México.
Del 3 al 9 de septiembre, las siete películas podrán disfrutarse en 35 salas de Cinépolis en 22 ciudades del país, como parte de la celebración por los 30 años del Tour de Cine Francés.
Porque si algo demuestra este aniversario es que un festival también se construye con la memoria de su público. Y algunas películas, después de tantos años, todavía tienen algo que decir.
