La memoria no siempre conserva los hechos como ocurrieron. Con el paso del tiempo, los recuerdos se mezclan con imágenes, deseos, versiones familiares e incluso con aquello que una persona imaginó que sucedió. Esa incertidumbre es precisamente el territorio en el que se mueve ‘Mi sangre es Petróleo’, documental de Vania Quevedo que llegará al 24° Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).
La película parte de una historia íntima: la infancia de Quevedo y la ausencia de su padre, un trabajador petrolero que debía marcharse a una plataforma. Desde ahí, la directora reconstruye una memoria familiar que durante años permaneció ligada a la distancia, pero también al deseo infantil de conocer ese mundo del que su padre formaba parte.

“Es demasiado personal y justamente parto sobre mis memorias de la infancia, de cómo yo recordaba cuando mi padre se iba a plataforma y mi deseo de poder estar con él”, cuenta Quevedo. “Yo simplemente era una niña de cinco años con ese deseo de poder estar allá en la plataforma, de poder viajar allá con él”.
El proyecto comenzó en 2016, durante un diplomado en el Centro Cinematográfico del Sureste, en Tabasco. En aquel momento, Quevedo todavía observaba la historia desde cierta distancia. Quería hablar de los trabajadores petroleros, pero aún no encontraba la manera de colocarse a sí misma dentro del relato.
“Hablar de uno mismo y tener la propia voz en una película siempre es difícil. Estar ahí como metiendo el dedo siempre en la llaga”, reconoce.
Años después, durante su formación en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba, la directora comenzó a desarrollar la escritura del proyecto. Sin embargo, la película continuó transformándose conforme lo hacía su propia vida.
Uno de esos cambios llegó en 2021, cuando Quevedo recibió apoyo de FONCA y, al mismo tiempo, descubrió que estaba embarazada. “Yo ni siquiera tenía pensado que iba a ser mamá. Entonces recibí FONCA para el año 2021 y ya estaba embarazada y pensé que ya no iba a ser esta película. Y ahí fue cuando decidí: ‘Claro que la voy a hacer y tiene que estar mi hija en esta película’”.
La decisión terminó modificando el sentido del documental. La historia de una niña que quería acercarse a su padre comenzó a dialogar con la experiencia de una madre que ahora también pensaba en la relación entre generaciones, herencias y recuerdos.
Una memoria construida entre formatos
‘Mi sangre es Petróleo’ no intenta reconstruir el pasado desde una única perspectiva. La película asume que recordar también significa reconstruir y que, en ese proceso, la realidad puede mezclarse con la imaginación.
“Para mí la memoria siempre termina siendo un rompecabezas en nuestra cabeza que uno tiene que ir rellenando esos vacíos de alguna manera”, explica Quevedo. “Uno ya no sabe si lo que uno recuerda fue imaginado o fue real”.
“Por eso justamente decido hacer este híbrido entre documental, experimental y ficción, porque la memoria es así: termina siendo entre cosas reales, entre cosas mezcladas con ficción”, señala.
La propuesta formal de la película refuerza esa idea. El proyecto incorpora materiales registrados en Super 8, 16 mm y digital, además de imágenes captadas por el propio padre de Quevedo con una GoPro mientras se encontraba en la plataforma petrolera.

Omar, productor del proyecto y responsable de la propuesta de color, explica que la convivencia de formatos surgió como una manera de aproximarse visualmente a la memoria. “Lo que tenía en mente Vania era footage de Super 8 mm, de 16 mm, digital y la cámara del padre, de Don Luis, en manos de su GoPro en la misma plataforma”, explica.
El resultado es una película construida desde distintas texturas y tiempos. El blanco y negro adquiere especial importancia dentro de esta búsqueda, asociado a una memoria que no pretende presentarse como una reconstrucción objetiva del pasado.“Nos arrancamos justo con esta estrategia de color y blanco y negro que pudiera estar en estos confines del 4:3, del 1.33”, explica Omar.
El formato también genera una sensación de confinamiento que dialoga directamente con la historia. La plataforma petrolera se convierte en un espacio físico, pero también simbólico: un lugar del que el padre debe partir y al que la hija quiere acceder.

El petróleo como herencia familiar
Aunque la industria petrolera constituye el contexto de la película, el documental encuentra su verdadero centro en la distancia que puede existir entre quienes se quedan y quienes tienen que marcharse a trabajar.
‘Mi sangre es Petróleo’ intenta convertir una experiencia individual en una memoria cinematográfica capaz de dialogar con otras historias de ausencia y llegará al 24° Festival Internacional de Cine de Morelia, donde se integra a una edición que se celebrará del 16 al 25 de octubre de 2026, con funciones presenciales en Morelia y actividades virtuales a través de nuestrocine.mx.
