MORELIA-. Presentada dentro del marco del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM 24), Chicas tristes, de Fernanda Tovar, aborda las heridas que deja el abuso sexual durante la adolescencia y la dificultad de reconocerlo, nombrarlo y compartirlo. A través de la relación entre dos amigas, la película construye un relato sobre la vulnerabilidad, la importancia de escuchar y el papel que puede desempeñar una red de apoyo cuando las palabras todavía no alcanzan para explicar lo sucedido.
La historia sigue a La Maestra (Rocío Guzmán) y Paula (Darana Álvarez), dos adolescentes unidas por una amistad entrañable y por su pasión por la natación. Entre ellas existe la confianza necesaria para compartir sus inquietudes y secretos, hasta que la llegada de un chico a la vida de Paula desencadena una experiencia de abuso sexual que la joven no logra identificar como tal.

A partir de ese momento, la película se concentra en aquello que viene después: la confusión, el silencio y la dificultad de poner en palabras una experiencia que transforma la manera en que Paula se relaciona consigo misma y con los demás. La curiosidad de La Maestra, quien insiste en preguntarle cómo fue su primera vez, evidencia la distancia entre lo que se pregunta y lo que la otra persona está preparada para contar. Paula evade la conversación porque todavía no encuentra la manera de comprender lo que vivió, mucho menos de expresarlo.
Fernanda Tovar pone así el foco en una dimensión especialmente compleja de la violencia sexual: reconocer que algo no estuvo bien puede ser un proceso doloroso, marcado por la incertidumbre y la falta de herramientas para nombrar lo ocurrido. En ese camino, el acompañamiento adquiere un valor fundamental. La amistad entre ambas protagonistas se convierte en un espacio de contención donde escuchar, permanecer cerca y ofrecer confianza puede ser tan importante como encontrar las palabras adecuadas.

El título adquiere sentido en esa tristeza que no siempre es visible. Es un dolor que puede permanecer oculto incluso ante las personas más cercanas y que se vuelve más difícil de sobrellevar cuando no encuentra un espacio seguro para expresarse. Chicas tristes invita a reflexionar sobre la importancia de no minimizar las experiencias ajenas ni imponer respuestas, sino de aprender a escuchar sin juzgar.
Más allá de abordar una problemática social urgente, la cinta encuentra en la amistad su núcleo emocional, y confirma la relevancia de una historia que coloca en el centro una conversación necesaria: la importancia de escuchar, acompañar y creer en quienes todavía intentan encontrar las palabras para contar lo que les pasó.

Reconocida con el Oso de Cristal a Mejor Película en la Berlinale, Chicas tristes llegará próximamente a las salas de cine mexicanas.
