El documental, que llega al Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM 24), transforma las expediciones del cineasta por algunos de los rincones más remotos de Asia en una historia íntima sobre el autodescubrimiento, la enfermedad y las segundas oportunidades.
Durante dos años, Alejandro Rugama recorrió algunos de los lugares más remotos de Asia con la intención de encontrar una gran historia. En su camino se encontró con paisajes extraordinarios, personajes singulares y experiencias que parecían ofrecerle todo aquello que buscaba como explorador. Sin embargo, la respuesta estaba mucho más cerca de lo que imaginaba: en su propia vida.
Esa es la premisa de Yatra, documental con el que Rugama transforma sus expediciones en un relato personal que encuentra en la vulnerabilidad una de sus principales fortalezas. La película forma parte de la programación del 24 Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), donde el realizador presenta por primera vez su trabajo en una gran pantalla y comparte con el público una experiencia que también representa el cierre de una etapa.
“Yo estuve dos años explorando algunos de los lugares más remotos de Asia, con toda clase de personajes, pero, a pesar de todas esas experiencias, yo seguía sin sentir que tenía la historia”, recuerda Rugama durante una entrevista para Cinespoilers México.

El giro llegó cuando las circunstancias lo obligaron a mirar hacia otro lugar. “Fue hasta que la vida me fuerza a emprender, creo yo, el viaje más difícil de todos, que es el viaje al interior”, explica el cineasta, quien encontró en su propia experiencia aquello que durante tanto tiempo había buscado fuera de sí mismo.
La decisión de convertir su historia en una película implicó abandonar la idea del explorador que busca respuestas en territorios desconocidos para asumir el reto de reconocerse a sí mismo. En ese tránsito, Yatra encuentra su dimensión más íntima: el viaje deja de ser únicamente geográfico para convertirse en una exploración de la propia existencia.
Una historia personal contada desde la libertad creativa
Uno de los aspectos más particulares de Yatra es su propuesta narrativa. Aunque parte de una experiencia real, la película incorpora recursos visuales, animaciones y elementos gráficos que se alejan de las convenciones del documental tradicional. La intención no es limitarse a registrar los acontecimientos, sino encontrar una forma de narrarlos que responda a la sensibilidad de su protagonista.
Rugama reconoce que esta apuesta no convenció a todos desde el principio. Sin embargo, decidió mantenerse fiel a su visión, incluso cuando recibió cuestionamientos sobre el tono de la propuesta.
“Cuando dije: ‘Bueno, voy a contar mi historia’, dije: ‘Bueno, también la voy a contar de la manera que yo la quiero contar’”, comenta. Para el director, la libertad de elegir cómo representar su propia experiencia era fundamental: si iba a exponerse ante la cámara, quería hacerlo mediante un lenguaje que también lo representara.
Esta decisión le da a la película una identidad particular. Los recursos gráficos y la construcción visual no funcionan solamente como adornos, sino como parte de una búsqueda expresiva que permite acercarse a una experiencia difícil desde un lugar creativo y personal.
La realización también estuvo marcada por la independencia. Las imágenes de Asia fueron grabadas por el propio Rugama con ayuda de un tripié, mientras que para las escenas filmadas en Querétaro contó con el apoyo de su hermana, un primo y un amigo. Lejos de una gran producción, el proyecto tomó forma a partir de un equipo reducido y del empeño de su realizador por llevarlo hasta el final.
Diez años para completar un viaje
La historia de Yatra no se construyó de manera lineal. Su realización acompañó distintas etapas de la vida de Rugama, por lo que terminar la película significó también reencontrarse con versiones anteriores de sí mismo.
El director comenzó a grabar durante sus expediciones, entre los 20 y los 22 años. La segunda parte del rodaje ocurrió entre los 25 y los 26, mientras que la edición se desarrolló cuando tenía entre 28 y casi 30 años.
“Entonces no solo fui cambiando yo, sino también mi manera de contar historias”, señala.
Para Rugama, presentar la película en esta etapa tiene un significado especial: “A los 20 arranqué y a los 30 ya estoy terminando”. El estreno representa así un cierre de ciclo, pero también la posibilidad de compartir con otros una experiencia que durante años permaneció en proceso.
La segunda oportunidad de Alejandro Rugama
Más allá de las expediciones y de su propuesta visual, Yatra está atravesada por una experiencia de salud que cambió la relación de su realizador con la vida. Sin revelar los detalles que la película reserva para el espectador, Rugama reconoce que atravesar ese proceso lo llevó a replantearse su historia y la manera de contarla.
Hoy, después de concluir el documental, habla de su recuperación con alivio y gratitud. “Afortunadamente de salud, mi sangre ya está bien, ya está estable”, comparte.
“Ya estoy realmente agradecido con la vida que me haya dado esta segunda oportunidad, ¿sabes?, este regalo”, expresa.
Yatra representa el encuentro de un cineasta con una historia que tardó una década en completar. El viaje que comenzó con la intención de descubrir el mundo termina por conducirlo hacia sí mismo, recordándole que, en ocasiones, la historia que buscamos contar es aquella que primero necesitamos aprender a mirar.
