El conocimiento que se transmite de generación en generación, la relación con la naturaleza y las historias que pocas veces encuentran espacio en el cine son algunos de los ejes de Hijas del bosque, documental dirigido por Otilia Portillo Padua que se acerca a las mujeres recolectoras de hongos para explorar una forma distinta de entender el mundo.
Durante una entrevista realizada en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM24), la cineasta habló sobre el proceso creativo de la película, un proyecto que tomó seis años de trabajo y que encontró en los hongos una manera de cuestionar las formas tradicionales de narrar una historia.
El origen de la cinta no estuvo necesariamente en las comunidades recolectoras, sino en una pregunta sobre cómo contamos nuestras historias. Portillo Padua recordó la influencia de la escritora Ursula K. Le Guin, particularmente de sus reflexiones sobre la posibilidad de construir relatos que no dependan de las estructuras narrativas convencionales.

La directora encontró en la idea de la historia como un recipiente una manera de acercarse a otras formas de existencia. De ahí surgió el interés por las canastas, los hongos y, finalmente, las mujeres que han convivido con ellos durante generaciones.
“¿Dónde están las historias de las mujeres que recolectan hongos?”, se preguntó la realizadora al recordar el momento en que comenzó a tomar forma el proyecto.
La interrogante abrió un camino hacia un universo en el que la recolección no es solamente una actividad relacionada con el bosque o el sustento económico. También representa una acumulación de conocimientos sobre la tierra, las especies y sus ciclos, aprendidos a través de la experiencia y transmitidos entre generaciones.
Una historia donde los hongos también tienen voz
Uno de los aspectos más particulares de Hijas del bosque es la decisión de otorgar a los hongos un punto de vista dentro de la narración. La propuesta no busca colocarlos únicamente como objetos de estudio o elementos del paisaje, sino reconocerlos como parte de una red de relaciones que conecta a las mujeres con su entorno.

Para Portillo Padua, esta perspectiva encontró una respuesta natural entre las personas que participaron en el documental. La cineasta explicó que, para ellas, los hongos son seres con los que mantienen una relación cercana, de los que aprenden y a los que reconocen una presencia propia.
“En esta película el hongo tiene un punto de vista”, explicó sobre una de las ideas que compartió con las participantes desde el inicio del proceso.
Esta decisión también transformó la manera de filmar. En algunos momentos, el equipo experimentó con la cámara colocada en el suelo para construir la mirada del hongo y observar a las recolectoras desde otra perspectiva.

El acercamiento, sin embargo, requirió tiempo y confianza. La producción se desarrolló a lo largo de seis años, periodo en el que se construyó una relación de diálogo con las mujeres involucradas. La directora también estableció que las participantes tendrían la oportunidad de ver un corte de la película y solicitar que se retirara aquello con lo que no se sintieran cómodas.
La edición tomó 18 meses. Portillo Padua explicó que uno de los principales retos consistió en unir dos experiencias humanas con estructuras diferentes: la de Julia, que planteaba una pregunta sobre su futuro, y la de Liz, cuya historia se construye a partir de los vínculos con su familia, su abuela y su entorno.
La cineasta buscó que ambas líneas terminaran por encontrarse emocionalmente, mientras los hongos funcionaban como un elemento que conectara los distintos relatos.
La película también incorpora recursos visuales experimentales. Su secuencia inicial, explicó la directora, se acerca a la animación y a una estructura previamente planeada, aunque las imágenes fueron filmadas y no generadas por computadora.
En Hijas del bosque, esa exploración se extiende más allá de las decisiones formales. El documental propone observar las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza desde una perspectiva que no coloca necesariamente al primero en el centro.
