Hay películas deportivas que celebran las hazañas ocurridas dentro de la cancha y otras que prefieren explorar aquello que sucede detrás de ella. México 86, dirigida por Gabriel Ripstein, pertenece claramente a la segunda categoría. Más que una crónica futbolística, la cinta busca reconstruir las complejas negociaciones políticas, empresariales y personales que hicieron posible la realización de la Copa del Mundo de 1986 en un país que apenas intentaba recuperarse de la tragedia provocada por el terremoto de septiembre de 1985. Tomando como punto de partida los acontecimientos relatados en el libro El 86: El año que México cambió al mundo, de Francisco Javier González, la película plantea una mirada sobre los mecanismos de poder que operaron para garantizar la permanencia del Mundial en territorio mexicano cuando las circunstancias parecían jugar en contra. Ripstein no está particularmente interesado en la épica deportiva; su atención se concentra en los despachos, las negociaciones privadas y los conflictos de intereses que acompañaron uno de los momentos más importantes en la historia moderna del futbol mexicano. El eje narrativo recae en Martín de la Torre, personaje inspirado en Rafael del Castillo, entonces presidente de la Federación Mexicana de Futbol. Interpretado por Diego Luna, se trata de un personaje ambicioso, persuasivo y dispuesto a transitar las zonas grises de la moral con tal de alcanzar sus objetivos. Luna construye un protagonista funcional para la historia, aunque por momentos el guion privilegia tanto su capacidad de maniobra que termina reduciendo algunos de sus conflictos internos a simples herramientas dramáticas. México 86. Diego Luna as Martín de la Torre in México 86. Cr. Courtesy of Netflix ©️2026 La película encuentra, sin embargo, a su figura más poderosa en Emilio Azcárraga Milmo. Daniel Giménez Cacho ofrece una interpretación de enorme presencia escénica, capaz de transmitir simultáneamente autoridad, pragmatismo y una visión empresarial que resulta indispensable para comprender el contexto de la época. Cada una de sus apariciones añade peso dramático al relato y ayuda a dimensionar la influencia que ejercía el llamado «Tigre» en los distintos ámbitos de la vida nacional. No todos los personajes reciben el mismo nivel de desarrollo. El papel interpretado por Karla Souza parece quedar atrapado entre la función narrativa y la necesidad de aportar una dimensión emocional al protagonista. El resultado es un personaje que rara vez modifica el curso de los acontecimientos y cuya participación termina sintiéndose marginal dentro de una historia dominada por figuras masculinas y estructuras de poder claramente definidas. Algo similar ocurre con la participación de Memo Villegas. Su interpretación parece provenir de una película distinta, teniendo una evidente falta de matices que reduce cada aparición a una caricatura de sí mismo. En una cinta que busca reconstruir con cierto rigor histórico uno de los episodios más complejos del deporte mexicano, su trabajo rompe la credibilidad de varias escenas y confirma una limitación interpretativa que el actor no ha logrado superar del todo en sus incursiones fuera de la comedia televisiva. Uno de los mayores aciertos de México 86 radica en la integración de material de archivo. Las imágenes documentales no funcionan únicamente como ilustración nostálgica, sino como un recurso que fortalece la sensación de autenticidad y permite establecer un diálogo entre la reconstrucción dramática y los acontecimientos históricos reales. Gracias a este material, la película adquiere por momentos el carácter de un documento que recupera la memoria de una época particularmente compleja para el país. México 86. (L to R) Diego Luna as Martín de la Torre, Daniel Giménez Cacho as Emilio Azcárraga in México 86. Cr. Courtesy of Netflix ©️2026 En términos discursivos, la cinta no evade temas como el tráfico de influencias, los intereses económicos o las negociaciones opacas que suelen acompañar a los grandes eventos deportivos. Sin convertirlos en el centro absoluto del relato, Ripstein sugiere que la organización de un Mundial implica mucho más que pasión futbolera: también supone una intrincada red de relaciones de poder donde los ideales deportivos suelen convivir con intereses menos nobles. Quizá el principal mérito de México 86 sea recordar que el Mundial no sólo se ganó en la cancha con los goles de Maradona ni se celebró desde las tribunas del Estadio Azteca. Antes de convertirse en una fiesta colectiva, fue una batalla política, económica y logística librada en oficinas, salas de juntas y pasillos gubernamentales. La película no siempre alcanza la profundidad dramática que su fascinante contexto histórico parecía prometer, pero sí consigue rescatar una historia poco conocida sobre la forma en que México logró organizar uno de los campeonatos mundiales más memorables de todos los tiempos. México 86. (L to R) Diego Luna as Martín de la Torre, Daniel Giménez Cacho as Emilio Azcárraga in México 86. Cr. Courtesy of Netflix ©️2026 Navegación de entradas Ofelia Medina apuesta por las nuevas generaciones en ‘Una Muchacha Normal’