La actriz habla del intenso proceso creativo detrás de la monumental puesta en escena de Tony Kushner, del reto emocional de interpretar a Harper Pitt y de una producción que confirma que el teatro mexicano puede aspirar a proyectos de gran escala.
Después de enlazar una producción teatral con otra durante los últimos años, Assira Abate reconoce que el escenario se ha convertido en su estado natural. Sin embargo, ni la experiencia acumulada la preparó del todo para enfrentarse a Ángeles en América, la obra monumental de Tony Kushner que, por primera vez en México, presenta de manera íntegra sus dos partes: El milenio se aproxima y Perestroika.
Interpretar a Harper Pitt, una mujer mormona atrapada entre la dependencia al Valium, la negación de su esposo y una profunda crisis existencial, significó uno de los trabajos actorales más exigentes de su carrera.
«La gente piensa que actuar es la fama o pasearse por aquí y por allá, pero la realidad es otra. Es leer muchísimo, estudiar muchísimo. Son horas sentado analizando textos. Aprenderte los diálogos es apenas el principio; lo verdaderamente difícil es entender por qué el personaje dice lo que dice«, comparte la actriz.
Para Abate, memorizar un libreto nunca ha sido el verdadero reto. Lo esencial ocurre cuando el actor comprende las motivaciones del personaje y consigue que cada palabra tenga sentido dentro de la historia.
Un personaje que siente demasiado
Harper Pitt es uno de los personajes más complejos escritos por Kushner. En medio de la epidemia del VIH en los años ochenta, vive una profunda soledad mientras intenta comprender la homosexualidad reprimida de su esposo Joe.
La actriz explica que uno de los mayores desafíos consistió en representar esa enorme fragilidad sin convertirla en un estereotipo.
«Harper siente absolutamente todo. El mundo le afecta demasiado. Está profundamente conectada con todo lo que ocurre a su alrededor y por eso necesita las pastillas para poder respirar un poco.«
Sin embargo, el personaje no podía construirse únicamente desde el sufrimiento.
«La emoción está, pero no es lo importante. Lo importante es la situación que provoca esa emoción. En la vida pasa igual: no importa que estés llorando, importa por qué estás llorando.«
Ese descubrimiento surgió durante los ensayos junto al director Cristian Magaloni y el resto del elenco.
«Había momentos en que el director me decía: ‘Sí, ahí está la emoción, pero no puedes quedarte solamente en eso; la situación tiene que llevar al personaje’. Esa fue una gran lección para mí.»
Dos años para levantar un sueño
Aunque el público ve una producción terminada, detrás de Ángeles en América existió un largo proceso que comenzó mucho antes del primer ensayo.
La actriz recuerda que el proyecto tardó cerca de dos años en consolidarse entre la adquisición de derechos, la búsqueda de financiamiento, la traducción del texto y la conformación del equipo creativo.
«Fueron dos años de buscar derechos, conseguir recursos, formar al equipo y preparar todo. Cuando finalmente empezamos a ensayar, tuvimos apenas tres meses y medio para montar una obra de casi siete horas.«
Durante las últimas semanas de trabajo, el elenco llegó a ensayar hasta diez horas diarias.
«Terminábamos agotados. Llegamos muy cansados al estreno, pero ocurrió algo mágico cuando la obra finalmente se encontró con el público.«
Una verdadera creación colectiva
Además de formar parte del elenco, Assira pudo observar el montaje desde otra perspectiva. Al ser esposa del director Cristian Magaloni, fue testigo de buena parte del proceso creativo que normalmente permanece oculto para los actores.
«Esa fue una experiencia maravillosa porque normalmente uno llega cuando muchas decisiones ya están tomadas. Aquí pude ver cómo se construía todo desde cero.»
La actriz destaca que uno de los mayores aciertos fue el carácter profundamente colaborativo del proyecto.
«No había un departamento más importante que otro. Escenografía, iluminación, video, actuación… todos estaban construyendo la misma obra. Cada detalle tenía detrás a alguien apasionado por hacerlo mejor.«
Incluso la incorporación del cineasta Alejandro Guzmán para dirigir las secuencias audiovisuales terminó enriqueciendo una producción que constantemente dialoga entre el lenguaje teatral y el cinematográfico.
Un público preparado para grandes historias
Uno de los aspectos que más ha sorprendido al equipo es la respuesta del público mexicano.
A diferencia de otros montajes convencionales, Ángeles en América puede verse como un maratón teatral de más de seis horas o en funciones separadas.
Para Assira, la experiencia ha demostrado que existe un público dispuesto a asumir ese desafío.
«Nos preguntábamos por qué en otros países montan obras de siete o hasta veinticuatro horas y aquí no. Hoy sabemos que sí existe ese público. México tiene espectadores inteligentes que disfrutan este tipo de experiencias.«
La actriz considera que esa confianza en los espectadores resulta indispensable para el crecimiento del teatro nacional.
«No hay que darle todo masticado al público. Esta obra habla de política, religión, identidad, amor, enfermedad, espiritualidad… son muchas historias al mismo tiempo y el público las abraza porque quiere pensar.«
Una obra escrita hace cuarenta años que sigue hablando del presente
Aunque la historia se desarrolla durante la crisis del sida en Estados Unidos durante los años ochenta, Assira considera que el texto conserva una vigencia sorprendente.
«Es impresionante ver cómo, cuarenta años después, muchos de los temas siguen presentes. La obra habla de la ultraderecha, del poder político, de la discriminación, de la identidad… parece escrita para nuestro tiempo.«
Pero por encima de cualquier lectura política, la actriz cree que la esencia de Ángeles en América permanece intacta.
«Al final todas las historias hablan de la humanidad. Hablan de personas intentando sobrevivir, cambiar y encontrar su lugar en el mundo.«
Con funciones de El milenio se aproxima los viernes y domingos, Perestroika los sábados y la posibilidad de vivir ambas partes en un mismo día durante los maratones dominicales, la producción se ha convertido en uno de los acontecimientos teatrales más importantes del año.
Mientras tanto, Assira Abate ya prepara su regreso a otro clásico de los escenarios: La gaviota, de Antón Chéjov. Una nueva parada en una carrera que, como ella misma reconoce entre risas, no ha dejado de moverse de una obra a otra.
Y quizá esa sea también la mejor definición de Harper Pitt, el personaje que hoy interpreta: alguien que entiende que, incluso en los momentos más difíciles, seguir avanzando siempre será la única posibilidad.
